Cómo se hizo Pequeñas Voces y un acercamiento al negociazo del 3D

Permitiendo ganancias mayores en un 30% a la industria cinematográfica, el 3D es el protagonista de las pantallas de cine en nuestro país, pues ya el 32% de las salas acogen esa tecnología. En medio de este panorama se lanza la primer película colombiana en este formato, ‘Pequeñas Voces’, un obra magistral.

Por Juan Sebastián Morales/ @juansemo

Mientras  Jairo Carillo trabajaba en Inglaterra haciendo animaciones sobre niños, el conflicto armado en Colombia se recrudecía: “Cuando uno vive por fuera siente esas cosas mucho más fuerte”, dice el cineasta, que en esos primeros años de la década del 2000 decidió retratar la realidad nacional a través del lenguaje de los dibujos animados.

Vino al país y empezó a entrevistar niños víctimas de la guerra, con lo que en 2003 sacaría a la luz un cortometraje en donde ellos mismos narraban a propia voz y con sus dibujos las experiencias que su realidad bélica les dejaba. El corto ganó diversos premios alrededor del mundo, por lo que Carillo se motivó a llevarla a pantalla grande. Aplicó al Fondo del Desarrollo Cinematográfico nacional, el cual le otorgó 180 millones de pesos. En Tribeca, el festival de Robert de Niro, obtuvo otros 10 mil dólares. El  Festival de cine de Göteborg (Suecia) le aportó 7 mil y otros tantos fondos del festival de documentales de Amsterdam (Holanda), así como otros aportes locales, fueron suficientes para que este profesor de la Universidad de los Andes se embarcara en su proyecto, ‘Pequeñas Voces’. La hoy película se ha convertido por las circunstancias del mercado y para enriquecer la pieza cinematográfica, en el primer largometraje totalmente colombiano hecha en tres dimensiones, el popular 3D.

Como casi todos los ejercicios cinematográficos en Colombia, Jairo Carrillo también invirtió todo lo que tenía en su película, hasta le tocó resignar la aspiración de comprarse un apartamento y por el contrario le tocó irse a vivir con su padre, pues todo su capital se lo metió a Pequeñas Voces. “Hacer una película en 3D es más costoso que hacer una normal, porque la primera parte de la película costó 340 mil dólares, pero cuando la convertimos a 3D terminó costando casi medio millón de dólares”, asegura el cineasta, quien calcula que para recuperar la inversión y reportar ganancias necesita convocar cerca de 500 mil espectadores en torno a su película, esto bajo la premisa que el productor gana casi un dólar por cada persona que vea el producto final.

Y es que pasar Pequeñas Voces a 3D fue una decisión que se apalancó en gran parte desde el interés publicitario, pues “aparte de que es una gran película, será un gancho comercial innegable, hoy no hay película animada que nos alga en 3D“, dice el Director.

Pequeñas Voces resalta con sensibilidad extrema nuestra guerra, mostrando cómo los niños terminan viviendo un conflicto del que no tienen culpa alguna pero que si les corta todas sus posibilidades. La película es magistral, su tratamiento del conflicto seguramente quedará como una de las grandes miradas a nuestra realidad, una visión a guardar en el baúl de la memoria colectiva. Involucrar testimonios reales para narrar la trama, además de los dibujos que hicieron los niños entrevistados y que son usados en la pelí, no fue  trabajo fácil y a ratos termina cayendo en crudeza total, pero Carrillo logró la subjetividad para acercarse a la guerra gracias a que la niñez es en este caso protagonista.

“Gracias a los apoyos del estado, con su ley de cine por ejemplo, y de las entidades internacionales es que se puede montar este negocio, porque realmente sería imposible combatir contra los afiches móviles de varios millones de otras películas en cartelera en 3D, sería una pelea de David vs. Goliat”. Carrillo señala que básicamente el entretenimiento del 3D se da precisamente porque esta experiencia no se puede suplir todavía con un televisor. Esta lógica del cineasta se basa en que todavía los televisores 3D son muy costosos, “además que no hay casi contenidos”.

El 3D, negociazo

“En el cine se pasó de la experiencia de ir a sentarse a ir ahora a ponerse las gafas y tener una vivencia totalmente diferente”, asegura Jaime López, Director de Brash 3D, empresa que montó en la década del 2000 en Canadá y que trajo a Bogotá en enero de 2010, cuando venía a abrir solamente una oficina comercial para Latinoamérica pero se dio cuenta que el mercado nacional le pedía una sede para desarrollar productos en tres dimensiones.

“El 3D seguirá con fuerza, se alimentará del factor experiencia de masa, de público en conjunto: ver una película de terror es totalmente diferente si uno va a cine donde el cuchillo da la sensación de salir de la pantalla, a verla en la casa en televisor”, asegura. Según López, el boom es hoy bien grande, tanto que clientes como Chevrolet, Noel, Colgate y el mismo CineColombia, son constantemente consumidores de sus servicios, “hasta trabajamos montando el show del Bicentenario de Colombia el año pasado”, cuenta.

La empresa de López fue la que se encargó de pasar a 3D Pequeñas Voces: “fue tomar los planos de cada dibujito como si fueran un cartón y se trabajaron en un espacio tridimensional. Se produjo un efecto interesante y es que el efecto 3D es más evidente, pues por ejemplo cuando uno ve una película de Pixar todos los elementos en pantalla son en 3D, mientras que la película cuenta con algunas formas planas que se potencializan muchísimo”, comenta.

El Director de Brash 3D afirma que el fenómeno evidentemente arrancó con el valor artístico y el mercadeo que tuvo ‘Avatar’, película lanzada en 2.009 por James Cameron, que aunque no fue la primera pieza en 3D, seguramente será recordada así por su impacto. El sistema de cámaras estereoscópicas de Avatar fue pionero porque Cameron lo venía trabajando hace más de una década.

Aparte del 3D, el cine contemporáneo ofrece la era de las películas digitales, los rayones en las películas son cosa del pasado. Por eso es que ya la industria trabaja en novedades conceptuales y según López la más cercana es la de proyecciones en 3D sin gafas, técnica que se experimenta actualmente en Japón y Estados Unidos. “Las grandes empresas fabricantes de televisores invierten mucha plata en eso hoy, no solo para alcanzar al mercado del cine sino para continuar con la evolución”, dice. “El home theatre había remplazado gran parte del cine pues este ofrecía una sensación cinematográfica muy alta. Cuando la tv difunda su función de 3D tocará reinventar la industria de nuevo, encontrar un ’4D’ ”.

Más dimensiones, más ganancias

El empuje económico del 3D a los bolsillos de la industria cinematográfica ha sido gigante. De un multiplex de 8 salas, las 2 0 3 pantallas con esa tecnología producen la mitad de las ganancias que reúne en total ese centro de entretenimiento. Por otro lado el público está dispuesto a pagar gafas regulares desde $2.000 pesos, hasta algunas con diseños especiales que sobrepasan los $30.000 pesos, como se ha comprobado con la campaña que CineColombia ha emprendido para vender diferentes modelos.

Pero el tema de precios va más allá de las gafas. Sandra Dávila, Gerente de Cinecolor en Colombia (firma que distribuye las películas de Disney en el pasí), asegura que “el 3D ha sido uno de los mayores aportes económicos en el mundo del cine, pues este no había tenido mayor evolución en su historia aparte que la del sonido, que había ido escalando hasta pasar del estéreo al Dolby”. Los números no mienten y el crecimiento del 3D continuará galopante: en el 2009 eran 90 salas dispuestas para acoger este tipo de películas, en 2010 llegaron a ser 130 y actualmente se suman 168 salas de 3D, casi el 35% del total de pantallas en Colombia.

“En Argentina tan solo el 20% de las pantallas cubren esta tecnología, en nuestro país el público ha respondido muy bien. Una boleta de 3D vale un 30% más que una película normal”, revela Dávila. Pero no en todos los países se prioriza la experiencia visual, como en varios europeos, donde el 3D no logra superar el 10% de penetración. “Los colombianos si lo priorizamos, sobre todo en estratos más populares, tipo Plaza de las Américas o Portal 80, por citar el caso bogotano, donde siempre las salas más llenas son las 3D, sin importar que estas sean más caras”, señala.

En conclusión el cine en tres dimensiones da una utilidad 30% mayor. “A largo plazo hace que la inversión de los teatros se redima fácilmente, pues aunque cada proyector 3D tiene un costo de $US150.000 dólares, las sala están más llenas”, finaliza la representante de Cinecolor.

Recientemente la adaptación cinematográfica de ‘Los Pitufos’ se convirtió en la película en 3D más exitosa en Colombia, acumulando 336,851 espectadores en su primer fin de semana de lanzamiento. Adultos querían revivir a los personajes con los que crecieron pero ahora en tres dimensiones, mientras los niños iban a ver la película del momento así nunca hubieran escuchado de los enanos azules.

Volviendo al caso de Pequeñas Voces, Jairo Carrillo tiene claro que debe mantenerse en lo que marca la industria. El director volvió a salir favorecido con el Fondo de Desarrollo Cinematográfico, esta vez con 650 millones con los cuales desarrollará un proyecto con marionetas. “Mostraran cómo los niños pobres ven a Bogotá, viendo para ellos qué es un rico, qué es el norte, qué es la policía, y claro, será en 3D”, dice.

PSDT: Pequeñas Voces es una película imperdible, vayan a verla. No es el tratamiento típico del conflicto armado colombiano, es una visión auténtica y HONESTA de nuestra realidad. El 3D de la película es realmente un 2D (los muñecos dibujados por los niños que relatan la historia) con la mezcla de escenarios y objetos, así como perspectivas, en 3D. El efecto es limpio y uno siente cada segundo que lo que se ve en pantalla es realmente el relato de los niños.

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‘Andrés’, negocio diez

Andrés Carne de Res es sin duda un referente de la rumba del país. A final del año pasado entrevisté a Andrés Jaramillo, que por ese entonces lanzaba la ‘Plaza Andrés’. Él es el creador de este emporio del baile y la comida, habló acerca del crecimiento que está viviendo la marca en un momento cumbre. Les presento qué es la marca Andrés Carne de Res y cuánto mueve este negocio, que de negocio tiene poco y de  negociazo lo tiene todo.

Por Juan Sebastián Morales / @juansemo

Andrés Jaramillo lleva como segundo apellido Flórez, un dato terriblemente irrelevante si tenemos en cuenta que todo el país lo identifican tan sólo por su primer nombre, un privilegio de muy pocos. Quienes lo conocen lo conciben como un “creador, lúdico, inspirador, gestor, promotor, cargaladrillos, acelerado, soñador empedernido, realizador de despropósitos, magnífico anfitrión, observador hasta los tuétanos, lector aunque lo niegue, muy gruñón, buen conversador, ‘ojo de águila’, mamagallista”, y otro par de decenas de calificativos más. Él cuenta que en un bus descubrió el universo y que hasta en un bus se enamoró, y quién sabe cuántas cosas más, antes de iniciar la puesta en escena de su más preciado teatro, “el restaurante locombiano”. “Entre más lleno, más bus”, asegura Andrés, y de ahí s desprende la estética del lugar, tan busetera, tan descuidada pero llena de detalles.

Cuentan que Jaramillo no puede resistirse el pasar por una plaza de mercado sin hacerse a todo lo que ve, no sólo para cocinarlo después, sino para colgarlo, como bien manda su bien conocido sentido estético, en algún rincón de su santuario al cual llamó ya hace un par de décadas Andrés Carne de Res. “En Andrés Carne de Res estamos llenos de objetos, que no tienen firma”, dice convencido. El símbolo de su negocio siempre ha sido un corazón, uno gigante, el mismo que Jaramillo le ha puesto a su lugar para que hoy sea un referente turístico del país (innegable esto). Lo que empezó el 19 de junio de 1982 como un “ranchito” de seis mesas en donde se asaban carnes argentinas a las afueras de Chía, es hoy un referente de negocio llevado con maestría, el cual ya expandió sus muros.

Hoy el crecimiento inevitable de ese concepto amado por los comensales (que pagan cuentas enormes, cual joven enamorado que no mide su bolsillo al hacer feliz a su pareja) ha puesto a Andrés en una posición privilegiada, de ‘posibilidades’ ante todo. “La expansión está intrínseca en el alma de toda organización que empieza a extralimitar sus muros. La marca Andrés, en el último año, ha crecido buscando nuevos nichos y espera seguir cautivando nuevos mercados. El proceso de expansión llegó en la medida justa y en el momento necesario, despertando nuevas necesidades y proponiendo objetivos más elevados”, asegura Andrés Jaramillo a la sombra del lanzamiento hace ya más de un año de Andrés D.C, su sucursal en la zona rosa de la rumba bogotana. El “D.C.” no significa “Distrito Capital”, sino que se refiere a un esfuerzo hecho “De Corazón”. El D.C. tiene capacidad para 800 personas sentadas, pero desafiando todas las leyes físicas siempre estará lleno o con algunos comensales que parados rumbean toda la noche.

Ese dicho que reza en los buenos negocios que se debe ofrecer “una experiencia” antes que un servicio, es toda una realidad con la marca ‘Andrés’, por eso el crecimiento es el paso lógico, pues esto ha permitido que el restaurante facture $2.1000 millones al mes, sin incluir ventas adicionales (eventos, fotografías, almacén, valet y cover). Allí más de 450.000 visitantes concurren por año, los cuales consumen 150.000 kilos de carne, 80.000 de pollo y alrededor de 250.000 de frutas y vegetales. Más de 500 eventos privados al año son celebrados para clientes corporativos de altísimo nivel (Bayer, Coca Cola, Unilever, Bancolombia, etc.).

Jaramillo es claro: “Después de casi 28 años de positiva retroalimentación y  trabajo incansable, llegó la necesidad de expandir nuestros horizontes y pensar detenidamente en nuevas formas de negocio. Si un negocio se mantiene estático tiende a morir. No concibo a Andrés Carne de Res sin un maestro tumbando una pared. Por eso tengo 120 muchachos en el taller creativo. Esto parece más una industria de ornamentación que un restaurante”.

El último lanzamiento de la marca ‘Andrés’ fue el de ‘La Plaza de Andrés’, un concepto inspirado en la vida de las plazas de mercado, de las tiendas de barrio, “de esa parte del espíritu citadino que guarda un rincón para sentarse a no hacer nada, a simplemente ver la vida pasar”. Son 1.592 metros cuadrados y más de 500 sillas ubicadas en el Centro Comercial El Retiro junto a su hermano ‘Andrés D.C.’.

La publicidad también es un punto favorable para el negocio: en Andrés Carne de Res y en Andrés D.C. hay 23 clientes publicitarios que representan una inversión aproximada de $3.500 millones de pesos. “A los comensales se les debe impactar en sus cinco sentidos, ir directo al corazón de cada uno, eso nos ha permitido la aceptación en medios y empresas que han confiado en nuestro espíritu, estilo y estética, como si este guardara cierta magia, es por lo tanto que algunos de sus nombres comerciales figuren en nuestras paredes o descolgadas de los techos.

El mapa accionario de la empresa se ha expandido decididamente a la par del crecimiento, transformándose en los últimos años. Jaramillo diagrama así el panorama actual: “ahora son nuestras empresas: Inmaculada Guadalupe y Amigos S.A. con Andrés Carne de Res, Andrés DC y Andrés Exprés. Señora del Carmen y Amigos S.A.S. con La Plaza de Andrés”, mientras que la distribución accionaria exacta es la siguiente: JARAMIREZ 41%, SANINGU 8%, SEAF 17%, MADALEX E.U. 17%, NAGASI E.U. 17%.

Pocas veces conocemos cómo se definen las marcas ellas mismas, y sí lo conocemos nos encontramos con versiones acartonadas y ceñidas por conceptos de rectitud. Pero ‘Andrés’ es una marca que se define con maestría en cuanto chabacanería se trata, se tiene clara a sí misma: “es una filosofía, estudio de ciertos problemas fundamentales relacionados con cuestiones tales como la existencia, el conocimiento, la verdad, la belleza, la mente y el lenguaje de hacer sentir al comensal diferente a lo cotidiano, una experiencia única cada vez; Restaurante, Bar, Rumbeadero, Fantasía. Tocando todos sus sentidos: Colombia, campo, recolección, amor por objetos, cultura, enseres, trabajo, religión, color, detalles, tesoros, metamorfosis, escultura, arte, bohemia, tamaño, abundancia, sabor, disfrute, charla, amigos, música, baile, buena comida, diversión, original, especial, único, teatro, fuego, madera, hierro, collage, patriotismo, pop, multicultural…!”, y así siguen varias líneas más…

PSDT: Siempre que voy a Andrés Carne de Res o D.C. me siento como mosco en leche, en la atención siempre me va mal. No disfruto ir a ese lugar mucho, pero realmente aplaudo la estrategia de negocio de la marca, más no me agrada de todo que para muchas personas este se convierta en un “referente cultural”, cosa que me parece totalmente equivocada.

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“El amor es un estado de demencia”

Hoy se estrena en cartelera ‘Locos’, historia de amor con tintes de comedia contada desde el punto de vista de la ceguera de un romance.

Por Juan Sebastián Morales/ @juansemo

La historia: Un pintor (César Badillo) es contratado en un manicomio con el fin de renovar una de las paredes principales del lugar. Tras convivir unos días entre los locos del lugar, el pintor se enamora de una de las pacientes del centro psiquiátrico, por lo cual decide conquistarla, en el proceso se sumerge en un mundo de demencia y locura, no propiamente la que impregna el manicomio, sino la locura misma del amor.

Trailer

¿Qué es?

Es la puesta en escena de una premisa amplia y seria, “el amor puede llegar a ser un estado de demencia”. Fue rodada en el manicomio de Sibaté con pacientes reales, lo cual le da un realismo absoluto a la atmósfera de la película. Carolina, la paciente que se enamora del pintor, es interpretada por Marcela Carvajal, quien despliega sus conocimientos sobre el tema (es graduada de Psicología) de manera acertada en su actuación como una esquizofrénica que vive una historia de amor.Y es que a veces la línea entre la esquizofrenia y el amor se pierde…

No es una comedia dirigida hacía un público de “risa fácil”, como lo fuesen  ‘El Paseo’, ‘El Man’ o ‘Muertos del Susto’, dirigidas todas también por Trompetero. Aunque tiene varias escenas de contenido sexual, aunque no explícito, creo que son manejadas bien por el director y son necesarias para el desarrollo de la historia.

Tiene una postal inolvidable: el paisaje del par de escenas grabadas desde el mirador es súblime, en tonos rosas estúpendos que logran mostrar esa parte cursi y sedosa que se vive cuando el amor es profundo.

Mención especial para el pedazo donde el personaje de Badillo baila y canta, es un momentazo que hace, literalmente, totear de la risa a cualquiera. Gran actuación se manda Badillo interpretando a Eduardo el pintor.

Es una película que defiendo, pues me agradó que alguien se atreviera a hacer una comedia romántica (aunque es más una tragicomedia) en nuestro país sin utilizar el típico formato de este género. Es narrada desde la percepción misma que se suponen tienen los enfermos mentales, lo cual le da un valor agregado de peso. Los planos, la posición de la cámara, los silencios, la música, todo tiene ese tinte de locura que busca el guión, eso si, sin caer en una creación ‘chocoloca’ sin coherencia.

El ritmo del filme es agradable. Aunque tiene un comienzo un poco tosco que hace pensar por un instante que a la trama le sobran un par de escenas (más por el lado sexual), finalmente la película engancha al público de manera clara y hace reír.

Entrevista al Director

Les dejo esta corta entrevista a Harold Trompetero, director de la película y que personalmente me ha soprendido con dos películas: esta, ‘Locos’, y ‘Riverside’, un filme rodado en New York protagonizado por Diego Trujillo y que también habla de una historia de amor, la de un par de indigentes que viven a la orilla del Hudson.

A continuación Trompetero habla de cómo surgió la idea del guión y nos dice por qué muchas veces”el amor es un estado de demencia” (punto de vista que suscribo al 100%). Habla de la delgada línea entre el amor en cualquiera de sus expresiones y la locura, además defiende el sello “popular” que le inyectó desde la dirección.

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“Nunca escogemos si lo que cantamos vende o no, sumercé escoge lo que tiene que ser dicho”.

Andrea Echeverri, vocalista de los Aterciopelados, la banda de rock más exitosa en la historia del país, habló de la industria, de problemáticas sociales, del proyecto de Ley para regular los derechos de autor en interner, de nuestros músicos actuales, así como de su nuevo álbum como solista, ‘Dos’.

Por Juan Sebastián Morales/ @juansemo

Mientras Andrea Echeverri ejercía como ama de casa aprovechó los tiempos libres y grabó ‘Dos’, cd que lanzó a finales de 2010 y en cual se embarcó en una producción en solitario donde hizo los efectos de audio y hasta tocó las maracas. Alejándose de la vorágine del mundo del rock, este es un experimento casero que arrojó un sonido “low fi-femenino-dómestico-neo hippie-maternal”, como ella misma lo define, en donde se mezclan por ejemplo un par de canciones que Andrea escuchaba cuando era niña, así como la gran mayoría han sido compuestas por ella en la que se cuentan algunas dedicadas a su hija Milagros. Los coros son de su marido, su mamá y Milagros, quien además ilustró el cd con sus dibujos. Una de las artistas más maduras y exitosas del país se embarcó en un proyecto totalmente independiente.

¿Por qué se la jugó con ‘Dos’ en un proceso de elaboración tan artesanal e independiente? ¿Cómo fue ese proceso?

Andrea Echeverri: Pues después de casi 20 años en el mundo de la música me decidí a lanzarme a la producción y a grabarme yo misma, porque principalmente ese pedacito siempre lo había hecho Héctor junto a otros productores (por Buitrago, su compañero de fórmula en Aterciopelados). Ya hacía como un año y pico sentía la necesidad de aprender a sonar yo sola, porque desde que empecé yo he estado rodeada de músicos, generalmente músicos muy buenos, yo no soy música académica, canto y lo hago muy bien pero no soy como los súper guitarristas que me rodeaban. Quería sonar coherente, sola, quería sonar yo, acomodando la música a mis energías, capacidades, a mi estética a lo que soy.

Ahí empezó un proceso, aprendí a usar el Pro Tools (herramienta de edición de sonido), que es facilísimo y que realmente es increíble lo que con esto uno puede hacer. Montamos un estudio sencillísimo en mi casa y lo hicimos durante cinco años como un ejercicio familiar con mi marido y mi hija. Para final del año pasado me di cuenta que ya habían maquetas donde mi hija hablaba en media lengua, osea viejísimas, así que me contacté con Richard Blair (productor, creador de Sidesteper) y le mostré lo que tenía, le dije que tenía ganas de invitar varios músicos para terminarlo rápido. Él me dijo que no hiciera eso, que lo hiciera yo misma todo, porque si invitaba un resto de músicos terminaría sonando al resto pero si lo hacía yo sola sonaría como el mundo sonoro que tiene uno en la cabeza, dándole con el bajo, con la guitarra, con la maraca, toqué todo.

Eso es lo chévere de este disco, es lo emocionante y es que después de 20 años hacerlo así es como empezar de cero, se aprende otro oficio y divertirse, creo que lo tomé mucho por ese lado porque en Aterciopelados siempre hay un nivel de exigencia  muy alto, entonces después de que usted grabó con yo no sé cuales productores y en yo no sé cuales estudios a veces se pone tensa la cosa, desde el principio la manera de abordar el proyecto fue otra, fue la de divertirse porque evidentemente si lo abordaba desde mi casa yo sola no iba a tener el dominio de toda la perilla del mundo.

Haciendo un trabajo tan intimo y en el cual la cuota de diversión es grande, alejándose de las súper exigencias de producción que muchas veces alejan a los artistas de la obra misma, ¿hacía a dónde apuntó con este cd? ¿A qué públicos y a qué objetivos?

Andrea Echeverri: Yo apunto a que guste, no es un disco infantil, ni un disco adulto, no, es un disco, que yo creo que le puede gustar a cualquiera. Apunto a venderlo y nosotros no somos de grandes ventas, nunca lo hemos sido, somos de nicho, pero llevo disquitos cada vez que tocamos y usted en cada concierto puede vender 30 disquitos y chévere, eso sirve.

La industria ha cambiado mucho desde esas épocas donde con Aterciopelados vendían cientos de miles de copias, ¿qué lectura hace de la industria actual que imprime nuevas necesidades y posibilidades a los artistas?

Andrea Echeverri: Pues hoy la industria está chévere, por la autogestión y la ‘auto todo’, pues entre más cosas sumercé asuma pues hay menos gastos por un lado y menos influencias y cosas. Sumercé es independiente en todo sentido, económica y artísticamente. Nadie le va a decir que vaya al gimnasio y aprenda inglés, y nadie le va a decir “a esta canción pongámosle un ritmito más tales”, no, sumercé está haciendo su cosa y nosotros llevamos 20 años haciendo nuestra cosa porque afortunadamente en el momento que nosotros empezamos y cuando arrancamos a tener nuestro éxito nadie nos entendía del todo.

Nosotros éramos de BMG y nos tocaba con un señor que se llamaba Don Rafa que no tenía ni idea de rock pero que veía que la cosa si funcionaba, entonces estuvimos muy afortunados porque nunca nadie nos dijo nada. Recuerdo que alguna vez me mencionó algo de mi ropa y yo me puse como un tigre y él no volvió a decir nada, entonces nunca nadie nos ha frenado.

Lo que si pasaba en esa época es que había unos presupuestos muy fuertes para hacer los discos, entonces con un cd como ‘Caribe Atómico’, que es un disco precioso y de los que más me ha gustado de lo que hemos hecho, me gusta más por ejemplo que ‘El Dorado’ que fue el que más vendió, no vendimos tanto entonces después vinieron las reuniones con la disquera a mirar resultados y a darse cuenta que no se estuvo a la altura de los gastos, ahí es cuando uno se da cuenta que hacer cosas con una inversión modesta es chévere porque no tiene que estar parado de las mechas porque no suena en la radio comercial sino que, ¿no sueno en la radio comercial y qué?, hay gente que me escucha, hay gente que va a nuestros conciertos, uno es súper feliz porque les gusta.

Somos artistas en una época de crisis planetaria y creemos Héctor y yo que debemos actuar en los temas que nos gustan, así que es chévere envolverse en eso, involucrarse en una campaña que sea ‘Ninguna Mata Mata’, o apoyar a los ríos, hacer una canción por los desplazados, otra por los falsos positivos, una canción para que no nos matemos por favor, entonces aprovechar la crisis en la que estamos y contribuir con mensajes que de verdad ayuden al cambio. Más allá que la música sea un negocio es una manera de comunicar y sumercé debe ser responsable con qué comunica, eso siempre lo hemos tenido claro, nosotros nunca hemos escogido si lo que vamos a cantar tiene que vender o no, sumercé escoge lo que tiene que ser dicho. Y si se vende poquito pues haré empanadas pero no cambiaré lo que tengo que decir, ni voy a ir al gimnasio, ni voy a tomar clases de inglés, eso sí lo he tenido claro desde que empecé, tal vez porque empecé tarde, a los 25 años, a veces cuando empiezan a los 15 son más amoldables. Cuando arranque ya había estudiado artes, había leído muchas cosas del feminismo, tenía clarito cómo nos tratan a las chicas en términos monetarios de negocio y toda esa cosa, que muchas veces se termina siendo una mercancía.

 ¿Qué artistas ve que compartan esa identidad por los ritmos autóctonos y letras de temas sociales? ¿Quedan artistas por ese corte o se ha perdido el mensaje?

Andrea Echeverri: Uy claro, quedan muchísimos artistas por ese camino, lo que no es así es lo masivo aunque hay que tener claro que a mí me encanta muchas cosas que andan masivas, como Bomba Estéreo o ChocQuibTown que son súper chéveres. Otro que me encanta es Pernett, esa canción de ‘Óptimo Positivo’ debería ser un himno que todo el mundo escuche cuando se levante, en mi casa es ídolo de las multitudes Pernett, nos fascina. Velandia me encanta (por la agrupación Velandia y la Tigra). Hay varios, hoy lo que pasa es que cada artista encuentra su camino. Nosotros por ejemplo lo hemos hecho defendiendo los derechos humanos, defendiendo lo ancestral, defendiendo a la mujer, como que tenemos la influencia de la canción protesta marcadita pero eso no quiere decir que los artistas que no tomen ese camino no son artistas que valgan la pena.

Estos días la comunidad estudiantil ha salido a protestar de manera pacífica en varias ocasiones, ¿usted que siempre ha estado tan inmersa en el tema social cómo lee la actitud de esta gente en una sociedad pasiva que rara vez manifiesta sus inconformidades?

Andrea Echeverri: A mí me parece bien que protesten, luego también es una boleta que muchos se aprovechen y el vandalismo ya no es tan chévere. Pero es que acá hay muchas cosas por las que protestar definitivamente… acá no se sabe cómo es que funcionan las cosas, de milagro funcionan, pues si porque uno ya está tan acostumbrado a eso tan oscuro y tan turbio, pero así no debería ser la cosa, son unas prioridades rarísimas las que se mueven acá. Además las personas que tienen el poder abusan, lo cual es muy triste, entonces cosas por las cuales protestar hay muchas. Desde mi música es que protesto.

Usted que ha sido la embajadora de esa palabra tan tradicional, ¿si se enteró de la intención del Instituto Geográfico Agustín Codazzi de prohibir el uso del tradicional “sumercé” entre sus empleados en Boyacá?

Andrea Echeverri: ¡Pero por favor me llamaron de una radio y todo! Pero era una ley re loca, prohibían el sumercé y los escotes y las mini faldas, dos cosas totalmente contrarias incluso, ni siquiera entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra, pero está loco el que se inventó eso. Yo tengo problemas de autoridad, ¡que la gente prohíba me parece fatal! Sumercé puede por ejemplo explicar por qué no le parece tan chévere que vengan con mini falda y escote, de pronto tienen unas razones bien chéveres y unas chicas digan “si, de pronto no me lo pongo”, pero que ir a prohibirlo es como una cosa muy rara.

Mi papá era muy autoritario, creo que por eso soy así, a mi no me pueden decir que no a nada porque si lo hacen voy es ya y lo hago de una. Que sumercé explique las cosas con cariñito si vale, pero cómo va a prohibir el sumercé porque además es súper castizo, está súper bien dicho, español antiguo.

 

¿Qué opina sobre el proyecto de ley liderado por el Ministro Germán Vargas Lleras en el que se quiere legislar el uso de los contenidos que están en internet? ¿Cree que se censurará el contenido?

Andrea Echeverri: ¿Usted cree que serán capaces de lograrlo? ¡Eso es una labor imposible! Desde hace muchos años hay unos portales donde la gente baja de todo. Yo no entiendo bien eso, realmente no soy muy de internet, contesto mails porque es una herramienta que me toca utilizar en mi trabajo pero no me meto a buscar cosas, tengo la sensación que cuando uno tiene demasiado uno ya no sabe ni qué coger. A mí me gustan mucho los discos, los dibujos, las letras, pero me gustan poquitos porque cuando me gustan los repito mucho y me aprendo la canción y la leo, entonces yo no entiendo alguien que tenga un iPod porque dicen que le caben yo no sé cuantos miles de canciones, entonces yo digo “¿y pa’ qué? “.

De pronto es chévere que uno escuche y ve súper chévere un disco y va a comprarlo pero tampoco me parece algo tan chévere coger el trabajo de todo el mundo de gratis, ni si quiera me parece tan chévere tener tantas cosas porque ya ni si quiera se valora porque no le ponen cuidado ni se la aprenden, si tienen para oír 10.000 canciones eso es mejor dicho hágale y hágale rápido y pase canciones sin sentido. Pero la gente sólo baja la canción ni siquiera los discos, y además la canción que está de moda solamente, y si algo está de moda además a mi me jarta. Ya la gente no coge el disco, ni ve la caratula, ya se ha perdido lo artesanal del tema.  Eso es resultado de esta sociedad de consumo tan loca, pero también me gusta ese concepto de que las canciones sean gratis. Osea, en conclusión, no tengo ni idea.

Publicado originalmente en Revista Gerente.

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Un tema pendiente, el cine

Con este artículo, que originalmente publiqué en la edición de diciembre de la Revista Gerente, empezaré una serie de posts sobre la realidad del cine nacional, principalmente hablaré (y los invito a que hablemos) sobre temas como la producción y su relación con una industria que se comporta de dos maneras en las taquillas: en las las locales las películas “fáciles” de digerir triunfan de manera rotunda, mientras que en los festivales más prestigiosos del mundo las películas colombianas que llevan mayor elaboración en su calidad se alzan con galardones pero no triunfan localmente.

Desde las cifras y las necesidades del productor se escriben las ideas que finalmente se ejecutan.

En este artículo quise mostrarles a los lectores (teniendo muy en cuenta el perfil gerencial de estos) que invertir en cine es una gran opción.

Luces, Cámara, ¡A Invertir!

En silencio el cine colombiano ha venido creciendo en los últimos años. Antes de entrar en las cifras, hay que reconocer el buen momento de las producciones locales en cuanto a su posicionamiento internacional. Nunca se había visto que en los Festivales del mundo tantos filmes colombianos al tiempo estuvieran dando los mejores frutos en cuanto al reconocimiento de la crítica especializada: en el Festival de San Sebastián, España, la armada nacional ya ha dado triunfos: Satanás, Los viajes del viento y  Contracorriente han sido parte de la selección oficial. En Cannes, Venecia, Berlín y Sundance, para nombrar los más tradicionales festivales cinematográficos, los resultados han sido similares, pues en los últimos años siempre una película colombiana ha sido destacada: 57 producciones, entre largometrajes cortos y documentales han recibido 106 premios y reconocimientos en más de 40 festivales alrededor del mundo. Estos triunfos han permitido ampliar el espectro del negocio, dando la posibilidad a algunas productoras de especializarse en contenidos más pensados en un público extranjero, de mayor apreciación cinéfila.

Pero más allá de los galardones, sin duda la producción cinematográfica nacional ha crecido en cadena: a través del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC) hasta el año 2009, se han destinado $38.000 millones que contribuyeron a la realización de 352 proyectos de largometrajes y cortometrajes, y al desarrollo de programas de formación, promoción internacional, investigación del sector, al proyecto antipiratería, el proyecto de fortalecimiento del patrimonio colombiano y al  Sistema de Información y Registro Cinematográfico, SIREC, que permite conocer la información semanal de taquilla reportada por los exhibidores.

“El gobierno y el FDC están haciendo muy bien su labor, creo que el problemas somos los productores y los directores porque no estamos haciendo películas que conecten con el público colombiano. Estamos haciendo películas que van a Cannes, que van a Berlín, para alemanes, para franceses, para españoles, pero las taquillas en Colombia no están dando cifras grandes. Creo que hay que hacer un llamado a los productores de que seamos más conscientes de que si el estado nos da la posibilidad de formar una industria, la verdadera industria está acá adentro teniendo que cultivar un público y creando una visión a largo plazo.”, asegura Trompetero quien para el 25 de diciembre estrenará su película ‘El Paseo’, la cual le fue encargada por Dago García y su empresa productora.

Gran parte del buen momento del sector se debe a la Ley 814 de 2003, conocida como Ley de Cine, se divide básicamente en dos puntos claros de fomento a la cinematografía nacional. En primera instancia el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC) recibe los dineros recaudados a través de una cuota parafiscal que pagan los exhibidores, distribuidores y productores como resultado de la exhibición de obras cinematográficas en el territorio nacional. Ese monto generado por el sector cinematográfico vuelve a ese mismo sector al invertirse en nuevos proyectos. El segundo punto, el que más interesa a los capitales privados, es el  otorgamiento de estímulos tributarios para inversiones a proyectos cinematográficos que se traduce en una deducción a los impuestos de los inversionistas que pueden deducir de su base gravable el 125% del valor invertido o donado. Esto es una relación gana-gana planteada entre inversor y productor en el papel. La Ley es efectiva: a través de beneficios tributarios a inversionistas y donantes en proyectos cinematográficos colombianos, 70 películas han recibido $48.630 millones entre 2004 y 2010.

En el sector del cine se pasaron de 4.000 empleos en el año 2004 a 8.500 empleos en el 2009, proyectando un promedio de 7 mil empleos mantenidos en los últimos 6 años, incluyendo productores pequeños, medianos y grandes, distribuidores, pequeños exhibidores y medianos y grandes exhibidores, según el estudio del Centro Nacional de Consultoría en 2009 y de un estudio de 2003 de Fedesarrollo. Y si todas las cifras suben, evidenciándose esto en el creciente recaude del FDC que viene desde el coeficiente de ganancias del cine nacional, una cifra que hay que trabajar mucho es la convocatoria de las producciones locales, pues la gente está yendo más a cine pero no a ver películas colombianas.

El caso de Dago García Producciones es el de una empresa cinematográfica que logró entender cómo sobrevivir presentando el cine que se conecta con la mayoría del público nacional. A lo largo de los 10 años de existencia, esta productora es la única colombiana que ha logrado estrenar una película por año. Entre estas se cuentan la comedia ‘In Fraganti’, con 600 mil espectadores en 2009, y “La pena máxima” (2001) que superó en taquilla a la exitosa película estadounidense ‘Pearl Harbor’, ganando además múltiples premios en el exterior. Sin pelos en la lengua, Trompetero deja claro su punto de vista sobre la tendencia temática que está dándose hoy en el cine nacional: “Es una cuestión de honestidad, si vemos las películas de Víctor Gaviria, que también llegan a Cannes y a San Sebastián, estas dan una taquilla como las de Dago García, ¿por qué?, pues porque hay una conexión con nuestro público. Estamos haciéndonos unos pajazos mentales con películas que si bien viajan a Cannes acá hacen solamente 20 mil espectadores. Obviamente este tipo de películas se deben hacer, pero si queremos fomentar una industria tenemos que estar conscientes que debemos mostrar nuestra propia cultura para que el país se identifique a través del cine. No tenemos que hacer películas para alemanes o españoles”.

El director de El Paseo, Dios los Junta y ellos se Separan, Diástole y Sístole, Riverside, entre otros filmes, cuenta que cuando está en su rol de productor le propone a sus inversionistas que mínimo les repone su capital invertido. “Hablar de ganancias es especular demasiado porque el cine es como una ruleta rusa. Antes los productores nos hacíamos sueños pensando que íbamos a tener más de 500 mil espectadores para una película y ni siquiera lográbamos retornar a los inversores, esto generó que muchos de los inversores se corrieran porque sentían que les estaban robando su plata”, dice Trompetero. Hoy los esquemas de producción nacionales han visto la necesidad de cambiar los esquemas de negocio, por lo cual ahora se dan planes de rodaje a un menor costo y prometiendo un retorno de inversión, las ganancias.

Hoy el sistema de los paquetes de proyectos se está empezando a dar en el cine local. Este es similar al engranaje normal del cine estadounidense, donde productor e inversionista se ponen de acuerdo para apostar a una serie determinada de filmes a llevar a cabo con un capital preestablecido, teniendo en cuenta que no todas las películas tienen el mismo éxito comercial pero si una de las metidas en el paquete seguramente reventará. La taquilla es el referente que siempre dictará las ganancias, pero el inversionista siempre debe contar que gran de su inversión será recompensada con la retribución que está dispuesta en la Ley del Cine.

Aunque con lenguaje bastante escueto para mi gusto, el artículo anterior abre el capítulo de una serie de reflexiones basadas en hechos que haré sobre nuestro cine. Para dejar “picando” el tema les cuento que tan sólo el día de su estreno (el 25 de diciembre pasado) ‘El Paseo’ llegó a los 60.381 espectadores, superando los números totales de la exhibición  de otras películas nacionales como Retratos de una mar de mentiras, Rabia y Contracorriente, estas hechas para un ojo más crítico si la comparamos con la película de Trompetero… Queda el tema abierto y posts con entrevistas a directores, actores y productores se vienen.


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¿Y la biblioteca del futuro?

(Foto: Juan Sebastián Morales) All right reserved.

El protagonsita este año en la Feria del Libro de Bogotá es el libro digital. Su llegada abre un campo de posibilidades para el lector como para el industrial, y contrario a la desaparición del libro en papel, este fomentará seguramente la lectura. Según la Cámara Colombiana del Libro, en Colombia en promedio por persona se leen dos libros al año, cifra aún más dramática si se tiene en cuenta que por uno de estos textos se cuentan los textos escolares de los niños en el colegio…

Bueno, la coyuntura es favorable para los lectores, pero un libro en el país solamente lo puede comprar quien tiene buen poder adquisitivo, además del hábito de leer tan difícil de encontrar en poblaciones pobres. La incersión digital que asuma el gobierno en nuetras bibliotecas y escuelas será el desarrollo tecnológico que los pobres colombianos tengan. Hablé del tema con Ana RodaFornaguera, Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, un testimonio de una persona que ha dedicado su vida a las industrias culturales y quien trabaja en pro de la lectura aunque esa nunca haya sido una prioridad desde el plano estatal.

¿Qué está haciendo la Biblioteca Nacional en este procesod e digitalización que se empieza a vivir en el país?

La Biblioteca Nacional ha empezado a digitalizar sus colecciones y está en el proceso de modernización tecnológica y de adecuación de su página web para desarrollar progresivamente sus servicios en el entorno digital. Esto significa, tanto poner a disposición del público documentos digitales, como abrir espacios de intercomunicación, de formación y de construcción y circulación de contenidos culturales.

En este momento ya pusimos en marcha la Biblioteca Digital, que para fin de 2010 dará acceso a cerca de 5.000 documentos históricos, la mayoría de ellos relativos al período de la Independencia, principalmente de los fondos bibliográficos Anselmo Pineda y José María Quijano Otero, prensa del siglo XIX, partituras y obra gráfica. Se ha digitalizado ya y progresivamente se estará subiendo a la página buena parte del archivo fotográfico de Manuel H y de Nereo, así como los registros del archivo de voces de la actividad cultural de la Biblioteca Nacional desde el año 48 y que fue transmitida por la Radio Nacional.

Creo que el ritmo irá aumentando progresivamente, particularmente ahora que hemos recibido un importante apoyo en equipos y asesoría técnica del gobierno de Corea.

El proceso de la digitalización de los libros permite el llegar a nuevos lectores, sobre todo al público juvenil inmerso en esta cultura virtual: ¿Qué tipo de contenidos hay para estos públicos en este proceso de virtualización en la Biblioteca?

Para públicos jóvenes y no especializados en la labor investigativa, desarrollamos un sitio llamado Huellas digitales, que presenta las colecciones y documentos más importantes de la Biblioteca Nacional por medio de visitas guiadas, así como una serie de tutoriales para desarrollar habilidades de búsqueda e investigación.

En el segundo semestre de este año pondremos también al servicio una página web dirigida a los niños, para que también ellos empiecen a ser usuarios virtuales de la Biblioteca.

El paso a la cultura digital en el ámbito del libro permite pensar al material editorial más como un contenido que como un texto plano. ¿Cómo aprovechar esta opción a la hora de digitalizar el material? ¿Los libros pueden ser reinterpretados y archivados de una manera más cercana a estos lectores?

Creo que las posibilidades que se abren son muchas. Una de ellas, que me parece particularmente interesante, es la de poner de nuevo en circulación muchos materiales que se encuentran descatalogados, que no resultan rentables para la industria editorial, pero que tienen interés para lectores e investigadores. Esto requiere desde luego una gestión de derechos, pero creo que es algo en lo que hay que trabajar.

Es posible también crear diferentes tipos de catálogos y bibliografías que faciliten la búsqueda, ofrecer servicios personalizados según el interés de los usuarios, y establecer enlaces significativos con cualquier otra biblioteca y centro de información del país y del mundo. El texto digitalizado permite búsquedas avanzadas y conexiones con otros textos,  lo que lo convierte en un material de trabajo muy flexible.  Finalmente, diría que la cultura digital crea nuevos espacios de comunicación e intercambio de conocimientos  en un entorno global pero también en un entorno regional, al interior del país, de un país que aún tiene mucho por conocer de sí mismo.

¿De las publicaciones de la BNC, ya se han llevado a cabo obras concebidas en el plano digital? Si es así, ¿Cómo se ha dado este proceso?

El año pasado se realizó un experimento de creación de blogs para que las bibliotecas municipales se apropiaran de estas nuevas tecnologías para hablar sobre la naturaleza y otros temas culturales y sociales de su región. Este proyecto, llamado Súmese a la expedición botánica, ha sido el punto de partida para desarrollar nuevos proyectos de participación local en medios digitales con  las bibliotecas municipales y aquellas localizadas en zonas rurales y resguardos indígenas.
Según su perspectiva, ¿Qué tan comprometido está el Estado en la digitalización de los contenidos de las bibliotecas nacionales? ¿Cuál cree deben ser las prioridades para avanzar en este proceso novedoso?

Es un hecho que la circulación de información se hace cada vez más en formatos digitales que permitan mayor difusión a más bajo costo. Creo que así como la Biblioteca Nacional debe continuar el proceso de digitalización, también debe liderar programas orientados a extender la conectividad y el uso de las nuevas tecnologías en las bibliotecas públicas a lo largo del país. Esto implica también trabajar por la lectura en cualquier formato, y por la capacidad de escribir y de crear, condición básica de una democracia. Sin duda esto requiere de una apuesta por parte del Estado, y esa apuesta se traduce en recursos.

PSDT: El reportaje completo de la realidad de la industria editorial en Colombia y cómo se para esta frente a la entrada al juego del libro digital puede encontrarlo en la edición de agosto de la Revista Gerente.

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Cobb en su laberinto

Cada vez que investigo más de Inception quedo asombrado… Nolan no dejo nada al azar, y si bien la a mí me dejó unos baches, esta película es una joya que fue pensada desde todoas las aristas en su ejecución. Si no han visto la película mejor dejen este post para luego comentar, seguramente les puede dañar detalles del filme.

Miren este video donde se revela que la banda sonora fue diseñada igual que la película, y me refiero a la forma:

Aparte de este truco musical, ¿alguién notó la relación de la primera y la última nota que suenan en la película? Es complicado darse cuenta de primerazo, pero la estructura argumental de la película, la lógica bajo la cual actua el inconciente de Cobb y hasta la forma en que fue trucada la banda sonora, están resumidas en la Escalera de Penrose, también conocida como ‘Escalera Infinita”.

Si, la estructura de la escalera es la predominante y el eje de Inception: un laberinto propuesto por la misma mente, en este caso circular, como queda comprobado en la relación

Esta película tiene un plus increíble, por lo que seguramente quedará en la historia del cine: fue tejida con tan compleja sutileza que lo de la pantalla es la puesta en práctica de teorías y mitos, es una ilusión cinematográfica que pusó en práctica conceptos que le mienten a la mente.

Les dejo dos preguntas para seguir hablando del tema:

-¿Qué sensación les dejó la película después de salir de cine, y qué sensación le deja ahora después de que han tenido tiempo para pensarla con frialdad?

-¿Recuerdan cómo se llamaba la famosa reina griega que ayudó a Teseo para entrar al laberinto CIRCULAR donde vivía el aterrador Minotauro?

http://www.528491.com/ (Esto da para otro post)

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